Buscar este blog

martes, 14 de marzo de 2023

2- Un lugar definitivo

En la propuesta anterior leíste sobre un misterioso libro que se le aparecía a un hombre en una estación de tren. En el cuento que vas a leer ahora, se nos presenta otro objeto inquietante. ¿Cuál será su particularidad?

Equipaje


Se había acostumbrado al ritmo del hotel. En esa época del año las noches eran tranquilas,
porque no había turismo y los viajantes llegaban siempre durante el día. A la mañana, en
cambio, prefería refugiarse en una de las habitaciones vacías, para no oír las voces de los
clientes, que entre medialuna y medialuna comentaban el estado de los caminos o el éxito de
los negocios. Se sentía muy alejado de la vida de los viajantes, siempre en camino, siempre con la ilusión de que en la próxima ciudad, o en el próximo pueblo, los esperaba la suerte que hasta ahora se les había negado. A él ya no le interesaba viajar; quería un lugar donde afincarse.
Aprovechaba las noches para pasear por el hotel. Recorría los pasillos desiertos, subía y
bajaba en el ascensor. Si algún cliente se había mostrado impaciente o maleducado, él se
encargaba de perturbar su sueño a través de ligeros golpes a su puerta.
Pero la tranquilidad se interrumpió cuando apareció la valija. Ya la primera vez que la vio
—sola, en medio de un pasillo— le produjo un inexplicable desasosiego. Esa vez pensó que
alguien la había dejado olvidada.

Dos semanas después volvió a encontrarla, abajo, en el hall, junto a uno de los sillones verdes. Estuvo tentado de abrirla, pero se contuvo.

Era una valija de cuero, algo ajada. La manija se había roto, y la habían reparado con hilo sisal. No sabía si estaba llena o vacía, porque ni siquiera la había tocado. Como la mayoría de los pasajeros del hotel eran hombres, supuso que era la valija de un hombre. Mientras miraba, por la ventana del hotel, el camino que llevaba a la ciudad, pensaba en la valija. Tal vez la había olvidado alguien mucho tiempo atrás, y los muchachos del hotel la habían sacado del sótano para hacer una broma. No encontraba otra explicación. A veces se sorprendía pensando en el dueño. Le imaginaba una cara, un oficio, algunas circunstancias. Quizás bastaba abrir la valija para saber cómo era. Las cosas que uno pone en una valija son como el resumen de una vida.

Ahí está todo lo que uno puede decir de sí mismo. Ahí está todo lo que uno puede esconder.
Una noche oyó el ascensor que bajaba hacia él. Cuando abrió la puerta, no había nadie,
pero allí estaba, por tercera vez, la valija. Volvió a sentir el desasosiego, el temor. Ya era hora de abrirla. No sentía curiosidad; pero quería sacarse de encima el peso de la duda. Soltó las dos trabas y la abrió.
Revisó con cuidado su contenido, como un empleado de aduana que busca en los repliegues
una mercancía prohibida.
Había una navaja de afeitar, una novela policial, un frasco azul, vacío. Entre la ropa, encontró
una bolsita de lavanda. Fue ese olor lo que le hizo recordar. Entonces reconoció la navaja con la que se había afeitado por última vez, la novela que no había terminado de leer, sus tres camisas, que siempre doblaba con esmero. Reconoció su nombre al pie de una carta en la que se despedía de una mujer que ya, por su cuenta, se había despedido. Reconoció el frasco azul, y recordó el sabor del veneno que había tomado de un trago, por motivos que ahora le parecían ajenos os hoteles son lugares de paso y él necesitaba un lugar definitivo. Salió a la madrugada, a la hora que eligen los viajantes cuando tienen mucho camino por recorrer. Y aunque le pareció que no lo iba a necesitar, llevó consigo el equipaje.


De Santis, Pablo. En Los signos. Buenos Aires. La Página. 2004

 

Sobre el autor de este cuento
Pablo De Santis (Buenos Aires, 1963) es escritor, periodista y guionista. Entre sus libros se
encuentran Desde el ojo del pez (1991), El enigma de París (2007) y El buscador de finales (2008).

A- ESCRIBÍ EL SIGNIFICADO DE:

Viajante- afincarse- desasosiego- esmero

1. El protagonista del cuento está en un hotel. Sin embargo, se siente diferente del resto de
los viajantes. Releé los primeros dos párrafos del cuento y respondé: ¿cómo se caracteriza
a cada uno (protagonista/viajantes)? ¿Qué costumbres llamativas tiene el protagonista?
¿Qué es lo que desea?
2. La rutina del hombre en el hotel se altera por la aparición de una extraña valija. ¿Cuántas
veces la encuentra? ¿Cómo se siente el protagonista en cada ocasión?
3. Cuando finalmente abre la valija, ¿qué efecto le produce al protagonista lo que encuentra
en su interior? ¿Por qué?
4. El cuento no explica exactamente qué le sucedió al hombre. Sin embargo, en la valija hay
algunas pistas que nos permiten imaginarlo. ¿Cuáles son estas pistas? ¿Qué información
nos dan?
5. ¿Adónde creés que se dirige el hombre al final del cuento? ¿Por qué piensa que no va a
necesitar el equipaje?
6. Propuesta de escritura. En los dos cuentos que leíste hasta ahora, aparece un objeto
misterioso. Escribí un breve texto comparando ambos objetos. Te ofrecemos alguna preguntas que pueden orientarte:
• ¿Cómo se describe a cada uno de estos objetos? ¿Qué particularidades presenta su
aspecto exterior?
• ¿Por qué resultan extraños o misteriosos?
• ¿Qué sentimientos les provocan estos objetos a los protagonistas? ¿Por qué?

 


martes, 7 de marzo de 2023

1- OBJETOS MISTERIOSOS

 

En los cuentos que vas a leer en las siguientes propuestas, se nos presentan objetos misteriosos que alteran el mundo aparentemente conocido en el que transcurren. Así, estas historias nos invitan  a cuestionarnos lo que pensamos y lo que creemos.

El libro


El hombre miró la hora: tenía por delante veinticinco minutos antes de la salida del tren.
Se levantó, pagó el café y fue al baño. En el cubículo, la luz mortecina le alcanzó su cara en
el espejo manchado. Con gesto automático, se pasó la mano de dedos abiertos por el pelo.
Entró al sanitario, ahí la luz era mejor. Apretó el botón y el agua corrió. Cuando se dio vuelta
para salir, descubrió el libro. Estaba en el suelo, de canto contra la pared. Era un libro pequeño
y grueso, de tapas duras y hojas de papel de arroz, inexplicablemente pesado. Lo examinó
un momento. No tenía portada ni título, ni numeración en las hojas, tampoco el nombre del
autor o el de la casa editorial. Bajó la tapa del inodoro, se sentó, y pasó distraído las primeras
páginas, de una tipografía apretada, que se continuaban sin capítulos ni apartados. Miró el
reloj. Faltaba para la salida del tren.
Se acomodó mejor y hojeó partes al azar. Sorprendido, reconoció coincidencias. En una
página leyó nombres de lugares y de personas que le eran familiares; a continuación, encontró escritos los nombres de pila de su padre y su madre. Unas cien páginas más adelante — aunque era difícil calcularlas por el papel de arroz— leyó, sin error posible, el nombre completo de Gabriela. Cerró la tapa con fuerza. El libro le produjo inquietud y cierta repugnancia.
Quedó inmóvil mirando la puerta del sanitario pintada toscamente de verde, cruzada por
innumerables inscripciones. Fluyeron unos segundos vacíos en los que percibió el ajetreo
lejano de la estación y la máquina Express del bar. Cuando logró calmar un insensato
presentimiento, volvió a abrir el libro. Recorrió las páginas sin ver las palabras. Finalmente, sus ojos cayeron sobre unas líneas: En el cubículo, la luz mortecina le alcanza su cara en el espejo manchado. Con gesto automático, se pasa la mano de dedos abiertos por el pelo. Se levantó de un salto. Con el índice entre las páginas, fue a mirarse, asombrado, en el espejo, como si necesitara corroborar con alguien lo que estaba pasando. Abrió en la página señalada con el dedo. Se levanta de un salto. Con el índice entre las páginas, va a mirarse, asombrado... El libro cayó dentro del lavatorio transformado en un objeto candente. Lo miró horrorizado. Consultó el reloj. Su tren partía en diez minutos. En un gesto irreprimible, que consideró de locura, levantó el libro, lo metió en el bolsillo del saco y salió del bar. Caminó rápido por el extenso hall hacia la plataforma 7, la de su horario. Con angustia creciente pensó que cada uno de sus gestos estaba escrito, hasta el acto elemental de caminar. Palpó el bolsillo deformado por el peso anormal del libro y rechazó, con espanto, la tentación cada vez más fuerte, más imperiosa, de leer las páginas finales. Se detuvo desconcertado; faltaban tres minutos para la partida. Miró la gigantesca cúpula de la estación como si allí pudiera encontrar una respuesta.
¿Las páginas le estaban destinadas o el libro poseía una facultad mimética y transcribía a
cada persona que lo encontraba? Apresuró los pasos hacia el andén pero, por alguna razón
oculta que no supo explicarse, volvió a girar y echó a correr con el peso muerto en el bolsillo.

Atravesó el bar zigzagueando entre las mesas y entró en el baño. El libro era un objeto
maligno; luchó contra el impulso irreprimible de abrirlo en el final y lo dejó en el piso, detrás
de la puerta, donde lo había encontrado. Casi sin aliento cruzó el hall. Corrió como si lo
persiguieran. Alcanzó a subir al tren en el último vagón, cuando dejaban el oscuro andén
atrás y salían a cielo abierto. Cuando el conductor, invisible, elegía una de las vías de la trama de vías que se abrían en diferentes direcciones.


Iparraguirre, Sylvia. “El libro”. En Del día y la noche. Buenos Aires. Galerna. 2016

 

Sobre la autora de este cuento
Sylvia Iparraguirre (Junín, 1947) es docente, investigadora y narradora. Fue cofundadora de la revista literaria El Ornitorrinco. Entre sus obras figuran los libros de cuentos En el invierno de las ciudades (1988) y Probables lluvias por la noche (1993), y la novela El parque (1996)

 

A- BUSCAR EN EL SIGNIFICADO DE:

Mortecino- de canto- ajetreo- candente- mimético- trama

 

B- 1. Releé en el primer párrafo la descripción del misterioso libro. ¿Qué características llamativas tiene su aspecto? ¿En qué se diferencia de otros libros?
2. ¿Qué sentimientos provoca en el hombre lo que lee? Marcá las palabras o frases que mues- tran estos sentimientos y explicá cómo van cambiando a lo largo del cuento.
3. Hacia el final del relato, el protagonista se pregunta por el funcionamiento del libro. Buscá
este fragmento. ¿Cuáles son las dos explicaciones que propone?
4. En función de lo que fuiste respondiendo, ¿cuál pensás que es el poder de este objeto?
5. El hombre siente la tentación de leer el final del libro. ¿Por qué te parece que contiene este
impulso? ¿De qué puede tener miedo?
6. El cuento da poca información sobre el protagonista, pero podemos imaginar cómo es a
partir de sus acciones y pensamientos. Proponé tres adjetivos para describirlo.
7. Propuesta de escritura. Escribí un texto de aproximadamente diez renglones imaginando qué dirían las últimas páginas del misterioso libro. Te ofrecemos un posible inicio: Desesperado, - cruza el hall y logra alcanzar el tren.

 

RECUPERADO DE: G.C.A.B.A. | Ministerio de Educación | Dirección General de Planeamiento Educativo | GOC | GOLE
Estudiar y aprender. 2° año.