Mundos
opuestos
La literatura, muchas veces, nos presenta mundos que
son opuestos. Te invitamos a descubrir el juego de oposiciones que aparece en este cuento.
Cruzar la autopista
PARTE II
Mirlo fue uno de los últimos jóvenes que dejaron
Tierra Adentro. Antes que él, el menor de
los Giuliani se había ido a Nódulo Sur para trabajar
en una de las purificadoras. A partir de ese
momento, Mirlo vio cómo el pueblo envejecía con
rapidez. Sus vecinos se iban transformando,
las vértebras de sus columnas se encorvaban sobre sí
mismas y sus frentes se arrugaban
como el cuero al sol. Pronto, casi todo el pueblo
necesitó andadores para caminar. Al viejo
Antonino lo encontraron muerto en la puerta de su
casa, parado como una estatua.
A veces, la televisión satelital pasaba documentales
sobre los “últimos pueblos sedentarios”, donde
la vida era a pie y en un solo lugar. Reproducían imágenes de Tierra Adentro, mientras Mirlo se imaginaba a sí mismo en un sedán
familiar en Capitalia. Esa sensación de verse
duplicado en la pantalla de televisión hizo que se decidiera. Por eso, le
contestó que no al menor de los Giuliani cuando le
propuso que lo acompañara a Nódulo Sur. Le
dijo que su madre lo necesitaba.
Después de la muerte de su esposo, la madre de Mirlo
optó por la vía menos esforzada para morirse:
el mutismo. Lo hizo de a poco, cada día restaba una palabra y una sílaba a
la extensión de sus frases.
—Buen día, vieja.
—Buen...
—¿Cómo te levantaste hoy?
—...
Mirlo registraba cómo su madre se sumergía en el
silencio, contaba las palabras que decía por
día, hasta que sus respuestas se volvieron simples exclamaciones que parecían
emitidas por un animal. Los días de su madre se
resumían en levantarse, caminar con el andador
hasta el sillón del living, encender el televisor y ver las repeticiones de las
carreras de caballos. Entre carrera y carrera,
pasaban un tango.
Mirlo esperó a que una de las carreras de caballos
terminara para explicarle la decisión a su
madre.
—Le dije a la viuda de Antonino que me avise si te
pasa algo.
—...
—No bien tenga un teléfono, te llamo.
—...
Al ver los ojos de su madre, como un disco gris hecho
de cenizas, se convenció de que irse era lo
mejor. No podía llevarla, ni detenerse junto a ella. Menos aún si pensaba
llegar hasta Capitalia.
Le besó la frente y salió de la casa.
Aprovechó la cosecha para irse. Había reunido algo de
plata con los trabajos en el almacén —
Mirlo era el único que podía cargar y descargar los sacos de harina y alcanzar las latas en lo alto de las repisas— y se fue cuando el camionero aceptó llevarlo.
En
Conexión 23, compró un mapa con el tendido
de trenes, micros y rutas que iban a Capitalia
y pasó los días estudiando el camino que debía
seguir. Mirlo ató la cortina de pana para que
no volviera a taparle la vista. Después de calcular por días las conexiones, estaba en la ciudad. Iba a llegar a la Torre Conectora y, de allí, solo tenía que buscar el primer peaje que lo recibiera (“Siempre necesitan gente; pero hay que bancarse la vida encerrado”, le había contado un hombre obeso sentado en la butaca de al lado en el tren de Conexión 23). El chofer había tomado
por una de las laterales, así que la panorámica
de la ciudad aparecía en uno de los costados del micro. Frenó en un semáforo, la cola de autos que se amontonaban no dejaba ver el asfalto de
la autopista. Mirlo revisó los autos de varios pisos,
con familias enteras, recién levantadas, un par de
oficinistas llevando carpetas en la mano de un
lado a otro. La sensación de estar detenido en un
lugar donde solo se puede acelerar lo puso nervioso.
El chofer tocó la bocina y abrió la ventanilla:
—Muévanse —gritó, mientras se filtraba un aire seco,
arenoso. Mirlo escondió la tos.
—¿Ves? Ni te aguantás dos segundos este aire. ¿Qué
vas a hacer acá?
El chofer dobló en la colectora y aceleró por uno de
los niveles inferiores. Mirlo se sostuvo
contra una de las paredes y volvió a sentarse en la escalinata. Solo podía ver
un túnel de concreto que se prolongaba con
luces artificiales. Suponía que estaban en Zona Este y que tardarían una hora en llegar hasta la Torre.
Quizás menos. Se detuvieron en un peaje, el
chofer estiró la mano para dar un par de monedas al empleado detrás de la
ventanilla.
—Pobre pibe —dijo el chofer. Mirlo vio por la ventana
a un empleado con la cara estriada y obeso hasta
el límite. El chofer tomó por una circunvalación que ascendía y cambió de
carril donde una flecha luminosa indicaba “Hacia el
Centro”.
—Vas a tener que subir y agarrar tus cosas. Cuando
lleguemos a la estación, no vas a tener tiempo
—le dijo.
Mirlo sintió que había estado practicando para este
momento. Se paró y vio por última vez a través
del parabrisas. Reconoció a lo lejos una de las entradas de la Torre, entre los portones que se conectaban con la autopista. Ya
estaban cerca. Subió al piso superior, tomó
aire y buscó su bolso en una de las guanteras, mientras escuchaba por los parlantes la voz distorsionada del chofer. Faltaban
pocos minutos para detenerse, la compañía no
se responsabilizaba por los objetos que dejaran los clientes en el momento
de la expulsión, ni tampoco si alguno de ellos se
detenía más tiempo del estimado.
Mirlo buscó su bolso y lo sostuvo con fuerza. Cuando el micro frenó y se acopló en uno de los portones de ingreso, el chofer lo saludó a través de la ventanilla con dos dedos en la sien.
Marinaro, Salvador (2019). “Cruzar la autopista”. En Leer y viajar. Antología de cuentos argentinos contemporáneos. Buenos Aires: Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires
A- BUSCÁ EL SIGNIFICADO DE:
Mutismo- tendido de trenes- estriado- distorsionado
B- 1. ¿Por qué Mirlo toma la
decisión de dejar Tierra Adentro? ¿Qué sucede en su pueblo? ¿Qué le sucedió a su madre?
2. ¿Cómo es la ciudad a la que llega
Mirlo? ¿Por qué?
3. Completá el siguiente cuadro que te
permite comparar, a partir de una serie de aspectos,
cómo es el desarrollo de la vida en Tierra
Adentro y en Capitalia.
|
|
Tierra Adentro |
Capitalia |
|
Tipos de trabajo |
|
|
|
Formas de movilidad de sus habitantes |
|
|
|
Promedio de edad de sus habitantes |
|
|
|
Movimiento en general |
lento / despacio |
|
|
Niveles de ruido |
|
muy ruidosa |
4. Propuesta de escritura.
Escribí un texto de alrededor de quince renglones en el que describas, de manera comparativa, cómo es
la vida en Tierra Adentro y cómo es en Capitalia.
Podés tomar algunos de los aspectos
mencionados en el cuadro anterior.
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