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jueves, 3 de octubre de 2019

Lengua y Literatura 2° año


Lengua y Literatura 2° año

Reflexión de los Hechos del Lenguaje



1- Leer  el primer párrafo de «Acechos cercanos», de José María Merino :

Las tazas tienen el asa a la izquierda, pero los tazos la tienen a la derecha. Los cucharos ofrecen una concavidad menor que las cucharas. Las púas de los tenedores son menos afiladas que las de las tenedoras. ¿Qué resultará cuando empiecen a reproducirse?

Responder:

a- ¿Qué son los tazos, los cucharos y las tenedoras?

b- ¿Qué diferencia tienen con las tazas, las cucharas y los tenedores?

c- Pensar en las diferencias que podrían existir entre los platos y las platas; los vasos y las vasas; la bombilla y el bombillo, etcétera. Escribí tus conclusiones.

d- Explicá cómo juega el autor con los conceptos de sexo y género.



2- Concordancia de género y número entre sustantivos y adjetivos.

Leer el siguiente poema: «Balada de los dos abuelos», de Nicolás Guillén



Sombras que sólo yo veo,

me escoltan mis dos abuelos.

Lanza con punta de hueso,

tambor de cuero y madera:

mi abuelo negro.

Gorguera en el cuello ancho,

gris armadura guerrera:

mi abuelo blanco.

Pie desnudo, torso pétreo

los de mi negro;

pupilas de vidrio antártico

¡las de mi blanco!

África de selvas húmedas

y de gordos gongos sordos...

–¡Me muero!

(Dice mi abuelo negro.)

Aguaprieta de caimanes,

verdes mañanas de cocos...

–¡Me canso!

(Dice mi abuelo blanco.)

Oh velas de amargo viento,

galeón ardiendo en oro...

–¡Me muero!

(Dice mi abuelo negro.)

¡Oh costas de cuello virgen

engañadas de abalorios...!

–¡Me canso!

(Dice mi abuelo blanco.)

¡Oh puro sol repujado,

preso en el aro del trópico;

oh luna redonda y limpia

sobre el sueño de los monos!

¡Qué de barcos, qué de barcos!

¡Qué de negros, qué de negros!

¡Qué largo fulgor de cañas!

¡Qué látigo el del negrero!

Piedra de llanto y de sangre,

venas y ojos entreabiertos,

y madrugadas vacías,

y atardeceres de ingenio,

y una gran voz, fuerte voz,

despedazando el silencio.

¡Qué de barcos, qué de barcos,

qué de negros!

Sombras que sólo yo veo,

me escoltan mis dos abuelos.

Don Federico me grita

y Taita Facundo calla;

los dos en la noche sueñan

y andan, andan.

Yo los junto.

–¡Federico!

¡Facundo! Los dos se abrazan.

Los dos suspiran. Los dos

las fuertes cabezas alzan;

los dos del mismo tamaño,

bajo las estrellas altas;

los dos del mismo tamaño,

ansia negra y ansia blanca,

los dos del mismo tamaño,

gritan, sueñan, lloran, cantan.

Sueñan, lloran, cantan.

Lloran, cantan.

¡Cantan!

a) Copiar  sustantivos extraídos del poema junto con el o los adjetivos que lo modifican. Dar dos ejemplos para cada género y número indicados:

Masculino singular:



Masculino plural:



Femenino singular:



Femenino plural:



b) Observar la concordancia: «venas y ojos entreabiertos». ¿Cuál es el género de cada sustantivo? ¿Qué género tiene el adjetivo que los modifica? ¿Por qué?

c) ¿Cuáles de estos adjetivos extraídos del poema no varían en género? ¿Qué género tienen el sustantivo al que modifican?



blanco

dos

fuerte

gran

gris

largo

negro

verdes



d) Reemplazar los siguientes modificadores indirectos por un adjetivo con significado similar, que concuerde en género y número con el sustantivo:



punta de hueso

aro del trópico

pupilas de vidrio antártico

los dos del mismo tamaño

4) Reponer en el siguiente texto los adjetivos que faltan, teniendo en cuenta no solo el significado, sino también la concordancia en género y número con el sustantivo al que modifica cada uno.



«Locus amoenus», de David Roas



La tarde es ____________. Tras un ____________ día de calor, una ____________ brisa refresca el ambiente. Sentado en un banco del parque, disfruto a solas y en silencio de un momento casi ____________.



El cuerpo de la niña se estrella a mi lado con su ____________ ruido de fruta ____________. Miro hacia arriba. El ____________ cuerpo –el de un niño esta vez– cae unos instantes más tarde, a ____________ metros del banco. Después cae otro, y otro más. La tormenta ha empezado.



Característico- deliciosa- largo- leve- madura- perfecto- pocos- segundo



5) Leé el fragmento del microrrelato  de Marco Denevi

“Cuento Policial”

Rumbo a la tienda donde trabajaba como vendedor, un joven pasaba todos los días por delante de una

casa en cuyo balcón una mujer bellísima leía un libro. La mujer jamás le dedicó una mirada. Cierta vez

el joven oyó en la tienda a dos clientes que hablaban de aquella mujer. Decían que vivía sola, que era

muy rica, y que guardaba grandes sumas de dinero en su casa, aparte de las joyas y de la platería. Una

noche el joven, armado de ganzúa y de una linterna sorda, se introdujo sigilosamente en la casa de la

mujer que….…………………………….

La mujer despertó, empezó a gritar, y el joven se vio en la penosa necesidad de matarla. Huyó sin

haber podido robar un alfiler, pero con el consuelo de que la policía no descubriría al autor del crimen.

A la mañana siguiente, al entrar en la tienda, la policía lo detuvo. Azorado por la increíble sagacidad

policial, confesó todo. Después se enteraría de que la mujer llevaba un diario íntimo en el que había

escrito que el joven vendedor de la tienda de la esquina, buen mozo de ojos verdes, era su amante y que

esa noche la visitaría.

a- Señalá los verbos y analízalos semánticamente (Tiempo- Modo- Persona- Número)

b- Observá los verbos en negrita y justificá por qué el autor utilizó esta conjugación en estos tramos del texto.

c- Señalá los verbos y clasificá  las formas impersonales (Verboides: Infinitivo- Participio- Gerundio)



Tus padres dijeron que irían a cenar

Quiero llegar pronto, ¿vamos tirando?

Acabadas las provisiones, se resignaron a morir

Ha tomado una media sin fijarse en el color

Estaba leyendo cuando sonó el teléfono

Beber en exceso puede dañar la salud

Habían esperado durante más de dos horas

Hay que estudiar más para aprobar


viernes, 27 de septiembre de 2019

Maze Runner Sinopsis

Al despertar dentro de un oscuro ascensor en movimiento, Thomas no recuerda ni su nombre ni  quién es. Tampoco hacia dónde va. Pero no está solo: cuando el ascensor llega a su destino, las puertas se abren y se ve rodeado por un grupo de jóvenes
El Área es un espacio abierto cercado por muros gigantescos llenos de vegetación. Al igual que Thomas, ninguno de ellos sabe cómo ha llegado allí. Ni por qué. De lo que están seguros es de que cada mañana las puertas de piedra que los separan del laberinto que los rodea se abren y por la noche, se cierran. Y que cada mes alguien nuevo es entregado por el ascensor.
Un hecho altera de forma radical la rutina del lugar: días después de la llegada de Thomas llega una chica, la primera enviada al Área, y más sorprendente todavía es el mensaje que trae. Thomas será más importante de lo que imagina. Pero para eso deberá descubrir los sombríos secretos guardados en su mente. Por alguna razón, sabe que para lograrlo debe correr. Correr será la clave, o morirá. 

Maze runner

ALGUNOS PERSONAJES

                                                                                      
    • Thomas: el protagonista principal de la historia. .
    • Teresa: Última en llegar al Área
    • Alby: es el líder
    • Chuck: el mejor amigo de Thomas en el Área
    • Minho: corredor
    • Newt: segundo al mando en el Área
    • Gally: constructor

    viernes, 28 de junio de 2019

    ESQUINA PELIGROSA- MARCO DENEVI

    El señor Epidídimus, el magnate de las finanzas, uno de los hombres más ricos del mundo, sintió un día el vehemente deseo de visitar el barrio donde había vivido cuando era niño y trabajaba como dependiente de almacén.
    Le ordenó a su chofer que lo condujese hasta aquel barrio humilde y remoto. Pero el barrio estaba tan cambiado que el señor Epidídimus no lo reconoció. En lugar de calles de tierra había bulevares asfaltados, y las míseras casitas de antaño habían sido reemplazadas por torres de departamentos.
    Al doblar una esquina vio el almacén, el mismo viejo y sombrío almacén donde él había trabajado como dependiente cuando tenía doce años.
    -Deténgase aquí. -le dijo al chofer. Descendió del automóvil y entró en el almacén. Todo se conservaba igual que en la época de su infancia: las estanterías, la anticuada caja registradora, la balanza de pesas y, alrededor, el mudo asedio de la mercadería.
    El señor Epidídimus percibió el mismo olor de sesenta años atrás: un olor picante y agridulce a jabón amarillo, a aserrín húmedo, a vinagre, a aceitunas, a acaroína. El recuerdo de su niñez lo puso nostálgico. Se le humedecieron los ojos. Le pareció que retrocedía en el tiempo.
    Desde la penumbra del fondo le llegó la voz ruda del patrón:
    -¿Estas son horas de venir? Te quedaste dormido, como siempre.
    El señor Epidídimus tomó la canasta de mimbre, fue llenándola con paquetes de azúcar, de yerba y de fideos, con frascos de mermelada y botellas de lavandina, y salió a hacer el reparto.
    La noche anterior había llovido y las calles de tierra estaban convertidas en un lodazal.

    MICRORRELATO: CUENTO POLICIAL- MARCO DENEVI

    Rumbo a la tienda donde trabajaba como vendedor, un joven pasaba todos los días por delante de una casa en cuyo balcón una mujer bellísima leía un libro. La mujer jamás le dedicó una mirada. Cierta vez el joven oyó en la tienda a dos clientes que hablaban de aquella mujer. Decían que vivía sola, que era muy rica y que guardaba grandes sumas de dinero en su casa, aparte de las joyas y de la platería. Una noche el joven, armado de ganzúa y de una linterna sorda, se introdujo sigilosamente en la casa de la mujer. La mujer despertó, empezó a gritar y el joven se vio en la penosa necesidad de matarla. Huyó sin haber podido robar ni un alfiler, pero con el consuelo de que la policía no descubriría al autor del crimen. A la mañana siguiente, al entrar en la tienda, la policía lo detuvo. Azorado por la increíble sagacidad policial, confesó todo. Después se enteraría de que la mujer llevaba un diario íntimo en el que había escrito que el joven vendedor de la tienda de la esquina, buen mozo y de ojos verdes, era su amante y que esa noche la visitaría.

    lunes, 3 de junio de 2019

    Cómo escribir una crónica de viajes”, de Cristian Vázquez, Letras Libres, 5 de mayo de 2015,


    1

    ¿Cómo escribir una crónica de viaje en el siglo XXI? Mejor dicho, ¿es posible escribir una crónica de viaje en pleno siglo XXI?

    Lo que me pregunto es, claro, si tiene sentido escribir el relato de un viaje en una época en que muchísimas personas —en particular, muchísimos de los potenciales lectores de ese relato— también viajan. Una época en la cual, además, prácticamente no quedan sitios inexplorados en nuestro planeta, y en la que la televisión, el cine e internet suelen hacernos sentir que, de alguna manera, ya estuvimos o podemos estar, en cualquier momento, en cualquier parte.

    Digamos una obviedad: las crónicas de viaje más valiosas eran aquellas que escribían quienes habían llegado a sitios inhóspitos y habían vuelto para contarlo. Marco Polo en China, Colón en la América que él creyó las Indias, los primeros expedicionarios que alcanzaron los polos Norte y Sur: ellos constituyen algunos ejemplos, narraciones que se leían para maravillarse con lo que había en un lugar del mundo desconocido y al que no se podía ni soñar con llegar. Leer una crónica de viaje era, en cierto sentido, viajar.

    2

    Ricardo Piglia suele afirmar que todo relato cuenta una investigación o un viaje. Y que, de hecho, la investigación y el viaje están en el origen, son el punto de partida de la literatura. Imagina que los primeros narradores —aquellos que, en la reunión junto al fuego, tomaban la palabra para acaparar la atención del resto— o bien explicaban ciertos hechos en apariencia incomprensibles, armando una historia basada en indicios y deducciones, o bien describían una excursión: cómo alguien había dejado la seguridad del hogar y se había lanzado a lo desconocido. (Y había vuelto para contarlo, por supuesto: sin regreso no hay relato.)

    Piglia pone como modelos dos relatos de la mitología griega: el de Edipo como investigación y el de Ulises como viaje. Imaginémonos en Ítaca, sentados en el suelo en torno al viejo truhán de Odiseo. Lo vemos abrigado con la mañanita que por fin Penélope terminó de tejer. Le acaricia la cabeza a su querido Argos y nos cuenta cómo engañó a Polifemo, a las Sirenas, a Circe, a todos los demás. Esas sí que eran crónicas de viaje. Yo no dejaría de escucharlo ni dos minutos para ir al baño.

    3

    Pero vuelvo a preguntarme: ¿cómo escribir una crónica de viaje hoy, cuando ya hemos visto decenas de programas de viajes en la televisión y de películas ambientadas en casi cualquier lugar, y cuando las guías nos dicen en detalle qué ruta seguir en cualquier ciudad y qué autobús tomar en el aeropuerto y cuánto nos costará un café con leche o una pinta de cerveza en un suburbio cualquiera, y cuando todos más o menos sabemos, o creemos saber, cómo viven los nativos de Samoa, los obreros de Shanghai, los aristócratas monegascos y los campesinos de Nicaragua?

    Una vez escuché a alguien contar que, cuando iba a conocer las Cataratas del Iguazú, se preguntó cómo hacer para ver ese espectáculo por primera vez, más allá de todas las imágenes que había visto en fotos o por televisión. Su método fue tratar de ponerse mentalmente en la piel de un conquistador español que hubiera llegado hasta allí sin tener mucha idea de con qué se encontraría y que, tras seguir el rastro de un ruido descomunal, corriera unos matorrales con la mano y viera, de pronto, esa maravilla. Yo mismo, cuando visité las Cataratas años después, traté de utilizar la misma técnica. Sin embargo, todo aquello me pareció tan imponente que no necesité de tretas mentales. La experiencia me resultó, en sí misma, extraordinaria.

    En el fondo, es de eso de lo que se trata: de la experiencia. Y el relato trata de transmitir el sentido de esa experiencia. Un sentido que no se construye a partir de las cosas que se pueden hacer en un lugar, como las que apunta una guía turística o un programa de viajes en televisión, ni un listado de las cosas que se han hecho, como representa el casi siempre tedioso álbum de fotos que los que vuelven muestran a sus familiares y amigos. Ese sentido tiene que ver con la capacidad de los viajes de —como dice una canción de Ismael Serrano— traer a otros vistiendo nuestros cuerpos. Si las crónicas de viaje han de seguir existiendo, ese seguirá siendo su objetivo. Igual que en tiempos de la Odisea.

    4

    Me planteo todos estos cuestionamientos porque acabo de hacer un viaje y me pregunto cómo escribir, si es posible, si tiene sentido, una crónica. Estuve en un pueblito de mil habitantes, en el norte de la provincia de Santa Fe, Argentina. Fueron varios días en un mundo distinto, alejado del mío en el espacio y, en cierto modo, también en el tiempo. Unos cuantos de esos mil habitantes pertenecen a la misma familia que yo. Entre ellos mi abuela, que en realidad no vive en el pueblo, sino en una casita en las afueras. En medio del monte. No tiene luz eléctrica, ni agua corriente, ni gas, ni por supuesto teléfono. Tiene cerdos y gallinas y chivos y una cocina a leña y un cielo nocturno atiborrado de estrellas. Mi abuela cumplió 90 años. Hubo una fiesta, que reunió a unas sesenta personas. Fue todo muy divertido y muy emotivo.

    Unos días después de la fiesta, una nena del pueblo, que tiene cuatro años y es hija de un primo mío, me contó con absoluta seriedad que en el monte vive un dinosaurio amarillo que come niñas y que por eso ella tiene que andar con mucho cuidado. Me recordó a las crónicas de ciertos viajeros de siglos atrás que, por ganar la atención de los demás, juraban haber visitado lugares remotos y visto allí monstruos feroces o magias terribles. Pero también me quedé pensando en la seriedad y la sinceridad con la que esa nena me transmitió sus sensaciones. Las lecciones para la escritura se pueden encontrar en los lugares más extraños.